Por: Juan Sebastián Bolívar Candado
Abogado
Desde que tengo uso de razón me he caracterizado por el buen trato hacia los demás, de decir las cosas con tacto y de buena manera, también he tratado desde el fondo de mi corazón entender a personas que muchas veces no están del lado correcto de la historia; pero esta sociedad que no tolera las buenas costumbres, hace imposible el entendimiento a la hora de actuar cívicamente.
Y lo digo porque a pesar de que el ser humano fue dotado con razonamiento, cada día esta comunidad parece más bien un zoológico que actúa por instinto cayendo en las más bajas pasiones; “tigres” que solo quieren atacar, “abejas” que solo desean perpetuarse, “lagartos” con finas facciones, pero que debajo de esas caretas están mórbidas intenciones y “elefantes” que se atornillan a través de la inmisericorde corrupción para dañar a muchos y a más.
El grupo que representa un nivel alto en estos casos y que están por encima de todo, son los llamados “jefes”, que quieren lo ancho para ellos y lo angosto para los otros, siendo esta su arma infalible a través de los años.
Los conjuntos que se encuentran en un nivel medio, son los mal llamados idiotas útiles, que son manipulados por dichos jefes, que atraen a incautos para que les sirvan. Estas personas muchas veces cuando cumplen con su misión, quedan en el limbo; ya que para sus superiores dejan de ser importantes y son descartados de inmediato.
Ya en un nivel bajo se encuentran las asociaciones que agachan la cabeza a cualquier orden dada por más descabellada y disparatada que sea, y lo peor, es que cada día son más los que quieren pertenecer a ellas.
Este ABC se configura como algo tortuoso; ya que cuando se actúa con irresponsabilidad emocional, se pone en peligro todo lo construido y deja a la deriva todo lo plasmado en la ley.
Si seguimos por este camino, muy prontamente no podremos domar estas exaltaciones tan abruptas que ciegan y que ensordecen, cayendo así en una temida y avasalladora anarquía.




